
El proyecto para llevar agua desde la presa de Hatillo hacia el Gran Santo Domingo volvió a tomar fuerza este miércoles 3 de junio de 2026, con una propuesta valorada en US$750 millones y presentada como respuesta de largo plazo para una de las quejas más repetidas en barrios y municipios: la falta de agua estable.
Diario Libre publicó que la obra busca garantizar el suministro a más de cuatro millones de personas en el Gran Santo Domingo, Cotuí y zonas de Sánchez Ramírez. La CAASD también informó que el proyecto fue presentado en vistas públicas con autoridades locales, comunitarios y representantes sociales.
La ruta del agua desde Hatillo
La idea central es captar agua del embalse Hatillo, potabilizarla y moverla por una tubería principal de unos 85 kilómetros hasta Santo Domingo. En la primera etapa se plantea trasvasar cinco metros cúbicos por segundo hacia el Gran Santo Domingo y otros 0.5 metros cúbicos por segundo hacia comunidades de Sánchez Ramírez.
El financiamiento anunciado combina US$450 millones del Banco Interamericano de Desarrollo y US$300 millones de la CAF, según los datos difundidos por Diario Libre. Ese nivel de inversión coloca el proyecto entre las obras de agua más grandes discutidas para la capital en años recientes.
La promesa oficial es elevar la garantía de abastecimiento hasta 95 % y reducir la vulnerabilidad ante sequías. Para la gente, esa frase se traduce en algo más sencillo: menos días esperando camiones, menos cisternas vacías, menos gastos comprando botellones para tareas domésticas y más estabilidad para escuelas, negocios, clínicas y hogares.
Comunidades que entrarían primero
Entre las zonas mencionadas como primeras beneficiarias aparecen Pedro Brand, Los Alcarrizos y Pantoja, áreas que han crecido rápido y donde el servicio de agua sigue siendo irregular en muchos sectores. Después, el sistema se extendería hacia Santo Domingo Oeste, Santo Domingo Norte, Santo Domingo Este y el Distrito Nacional.
Ese orden importa porque el problema no se siente igual en todos los lugares. Hay sectores donde la falta de agua obliga a pagar bombas, tanques, camiones privados y reparaciones constantes. Cuando una familia vive con agua intermitente, el costo no es solo económico: se pierde tiempo, se altera la higiene del hogar y se complica la rutina de niños, envejecientes y trabajadores.
La discusión de agua también conecta con otros reclamos comunitarios. En la frontera, por ejemplo, este sitio ha dado seguimiento a la demanda de Dajabón sobre la Presa de Don Miguel y las crecidas del río Masacre. Son contextos distintos, pero muestran la misma realidad: el agua ya no es un tema lejano de ingeniería, es un asunto de vida diaria.
Preguntas que quedan abiertas
El entusiasmo por una obra de agua no debe impedir las preguntas. La gente necesita saber cuándo inicia la construcción, cuáles comunidades recibirán servicio primero, qué pasará con el mantenimiento, cómo se protegerá la calidad del agua de Hatillo y quién supervisará el uso de los recursos.
También hay que mirar el historial. La idea de traer agua desde Hatillo al Gran Santo Domingo no nació hoy; se ha mencionado durante años con diferentes nombres, costos y promesas. La diferencia de esta etapa debe medirse por estudios, financiamiento, licitación, cronograma y avances verificables, no solo por anuncios.
Si el proyecto camina con transparencia, puede aliviar un problema real para millones. Si se queda en presentación, la frustración será mayor porque la capital ya no tiene margen para seguir improvisando con pozos, soluciones parciales y camiones de agua. En un país caliente, urbano y vulnerable a sequías, el servicio de agua potable es infraestructura básica, no lujo.