
El uso del celular en las escuelas dominicanas cambió de regla. El Ministerio de Educación emitió la Orden Departamental 011-2026, una disposición que alcanza a centros públicos y privados y que obliga a cada plantel a ordenar, por escrito, cuándo se puede usar un teléfono, cuándo debe estar apagado y cómo se manejarán los casos de estudiantes que sí necesitan tecnología por razones pedagógicas o de accesibilidad.
La disposición fue anunciada el miércoles 27 de mayo de 2026 y ya empezó a mover conversaciones entre directores, maestros y padres. No se trata de una recomendación informal ni de un rumor de redes: es una orden departamental que obliga a los centros educativos a convertir el uso del celular en una regla escrita, conocida por la comunidad escolar y aplicada con criterios claros.
Las reglas por nivel educativo
La orden no trata igual a todos los grados. En el Nivel Inicial, los celulares personales quedan prohibidos. La lógica es proteger la atención, el juego, la socialización y el desarrollo temprano de niños que todavía no tienen edad para cargar con una pantalla como si fuera parte normal de la jornada escolar.
En Primaria, el uso queda restringido. Eso significa que el teléfono no debe convertirse en una herramienta libre durante la clase ni en los pasillos. Si se usa, tendría que responder a una actividad concreta, autorizada por el docente y conectada con el aprendizaje. En Secundaria, el enfoque es más flexible, pero tampoco deja la puerta abierta para usar el celular a voluntad. El equipo podrá entrar en la dinámica escolar bajo criterios pedagógicos definidos por cada centro y con supervisión.
Para las familias, el cambio más importante es que ya no bastará con decirle al muchacho que "lo use bien". Cada escuela o colegio tendrá que explicar su protocolo y los padres deberán conocerlo antes de que empiece el próximo ciclo de aplicación. Esto toca directamente la rutina de entrada, recreo, salida, emergencias y comunicación entre casa y centro educativo.
Noventa días para preparar protocolos
Hasta ahora, lo más claro es que los centros educativos tienen 90 días para adaptar sus manuales de convivencia a los nuevos lineamientos. Ese plazo es clave porque evita una aplicación improvisada. Los colegios y escuelas tendrán que definir dónde se guardan los equipos, quién autoriza su uso, qué pasa si un estudiante lo utiliza fuera de las reglas y cómo se informa a los padres cuando haya una situación particular.
La disposición también pide que esos protocolos se construyan con docentes, familias y estudiantes. Esa parte no es un adorno: si la regla se queda en un papel que nadie leyó, terminará generando discusiones en la puerta del centro. Si se socializa bien, puede ayudar a reducir distracciones y conflictos sin dejar a los estudiantes incomunicados cuando haya una emergencia real.
Privacidad y convivencia digital
Otro punto fuerte de la orden es la privacidad. El MINERD incluyó reglas contra la grabación o difusión de imágenes, videos y audios de estudiantes, docentes o personal administrativo sin consentimiento. En tiempos de grupos de WhatsApp, cuentas anónimas y videos virales, ese apartado puede ser tan importante como la propia restricción del aparato.
La medida también habla de prevenir ciberacoso, humillación digital y otras conductas que afectan la convivencia escolar. No es un tema menor: muchos pleitos que empiezan en el aula terminan amplificados en redes, y muchas burlas que antes quedaban en el recreo hoy pueden circular durante días. La escuela tiene que enseñar lectura, matemáticas y ciencias, pero también límites claros sobre cómo se convive en un mundo conectado.
Qué deben hacer padres y centros desde ahora
Lo primero es pedir al centro educativo una explicación clara del protocolo cuando esté listo. Los padres deben saber si el teléfono se entregará al entrar, si podrá quedarse en la mochila apagado, si habrá excepciones por salud o accesibilidad y cuál será el canal para comunicarse con sus hijos durante la jornada.
Lo segundo es ordenar la conversación en casa. Si un estudiante de Secundaria necesita el celular para una actividad puntual, debe entender que eso no lo autoriza a grabar compañeros, revisar redes o distraerse en clase. Para estudiantes más pequeños, conviene separar necesidad de costumbre. Muchas veces el teléfono se manda "por si acaso", pero termina siendo una fuente de ansiedad y distracción.
La noticia conecta con un tema más amplio: cómo usar la tecnología sin que nos use a nosotros. En esta misma línea, hemos tratado hábitos de consumo digital responsable, porque el problema no es solo tener pantalla, sino aprender a ponerle lugar, horario y propósito.
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Este tema merece mirarse con calma, sobre todo por lo que puede cambiar en la vida diaria. La disposición fue anunciada el miércoles 27 de mayo de 2026 y ya empezó a mover conversaciones entre directores, maestros y padres. Esa primera lectura necesita contexto para que el lector no se quede solamente con el dato inicial.
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